Colaboración/Educación/Laboratorio/Uncategorized

Aprender a emprender

¿Es posible aprender a gestionar las emociones?, ¿es posible aprender a encauzar las intuiciones, los impulsos y los deseos?, ¿dónde se aprende a tener ideas?, ¿dónde y cuándo aprendemos a arriesgar y a tomar decisiones?, ¿quién nos enseña a gestionar la incertidumbre? y ¿a valorar el riesgo? En qué momento de nuestras vidas nos damos cuenta de que es mejor equivocarse que quedarse quieto, que es mejor hacer que esperar, que es mejor decir que callar. ¿En qué escuela se aprende a construir equipos?, ¿qué estudios me enseñan a ser socialmente responsable, sostenible y solidario?, y ¿a ser creativo e innovador? ¿Qué título me certifica como emprendedor?, y si existe, ¿quién debería validarlo?, ¿la experiencia o la academia?, ¿dónde descansa la autoridad para un emprendedor?El emprendedor ¿nace o se hace?, ¿es una manera de ser, un estilo de vida o un oficio como otros muchos?, ¿es intuitivo o cerebral? ¿Es todavía posible hoy crear un negocio basándose solo en la intuición o en el conocimiento o se necesitan otras habilidades?

Proyecto de presente y de futuro

Foto: eoi CC BY-NC-ND 2.0

Éstas son sólo algunas de las preguntas que surgen a la hora de pensar el curioso binomio de emprender y aprender. Una pareja compleja y polisémica. Una asociación agraciada, de moda, con ecos salvadores y retrogusto ilusionante. Ambas comparten origen etimológico, ambas nos remiten al hecho de coger, de adquirir, de agarrar, de controlar. Ambas parecen condenadas a entenderse y a todos nos parece razonable y natural unirlas. Pero, ¿es realmente posible aprender a emprender?, ¿es posible aprender sin emprender?

A mediados de los años 90, una encuesta realizada en Estados Unidos a jóvenes estudiantes señalaba que el 69% quería poner en marcha su propio negocio. Entre sus motivaciones destacaba, con un 73% de respuestas, la independencia por encima del dinero. El 68% pensaba además que era importante que los negocios “devolviesen algo a la sociedad”, y el 90% afirmaba que su conocimientos de emprendimiento eran escasos y muy pobres. Por último un 85% señalaba que nunca habían recibido clases sobre el tema en la escuela.

20 años después varios estudios nos pintan un panorama muy similar. Un estudio realizado por la Fundación Kauffman señala que el 70% de los estudiantes de bachillerato considera el ser propietario y dirigir un negocio entre las tres primeras opciones de carrera profesional. Aproximadamente el 75% piensa que, en la Escuela, no reciben suficiente formación en negocios y emprendimiento

(Kauffman Centerfor Entrepreneurial Leadership). Un estudio reciente llevado a cabo por Harris Interactive destaca que cerca del 40% de los encuestados entre 8 y 21 años quisieran convertirse en emprendedores y, por último, dos tercios de las respuestas a una encuesta llevada a cabo entre 1000 alumnos de instituto (John Templeton Foundation) dicen estar interesados en aprender más sobre emprendimiento.

Son sólo algunos datos. Podríamos seguir infinitamente pero éstos parecen suficientes para mostrar una tendencia y darnos, al menos, una respuesta, siquiera tentativa, a las preguntas iniciales.

Si admitimos que queremos aprender a emprender, si además presuponemos que se puede aprender a emprender, y si aceptamos, por último, que se puede enseñar a emprender, las preguntas que surgen entonces son ¿cómo, quién y dónde tenemos que hacerlo?. O dicho de otra forma, ¿qué aprendemos?, ¿de quién aprendemos?, y ¿dónde y cuándo aprendemos?. Tres preguntas que ejemplarizan la gran revolución que estamos viviendo en los últimos años en el ámbito de la educación. Tres preguntas cuyas respuestas nos pueden ayudar a entender qué debería ser hoy aprender a emprender. Qué ingredientes debería tener en cuenta quien quiera aprender a emprender.

Y entre los retos que nos vamos a encontrar en los próximos años sobresalen los que tienen que ver con el objeto de aprendizaje. La tendencia imparable es a ser capaces de equilibrar el aprendizaje de contenidos y el de habilidades. La complejidad del mundo en el que vivimos, su velocidad de cambio, hacen más necesario que nunca poner el acento en los procesos, en el desarrollo de capacidades y en la adquisición de competencias y menos en qué se aprende. Al mismo tiempo, las tecnologías de la información hacen que, por primera vez, sea posible aspirar a la deseada y necesaria personalización del aprendizaje. No todo el mundo necesita lo mismo, ni en la misma cantidad, ni el mismo momento. Afirmación si cabe más cierta cuando hablamos de emprendedores.

Si aceptamos que el aprendizaje ya no es una cuestión sólo  de accesibilidad al conocimiento (el conocimiento ya es ubicuo), ni una cuestión exclusivamente de asimilación de contenidos. Entonces de lo que se trata es de ser capaces de asimilar valores y procesos, de adquirir habilidades y competencias como el trabajo colaborativo y en equipo, la gestión del tiempo, la capacidad de buscar, filtrar y priorizar información. Nuestro reto será entonces estimular y apoyar una forma de aprendizaje que favorezca el compromiso, la creatividad, las formas de  innovación abierta y el trabajo en red, cooperativo y en comunidades de profesionales.

Sí, hay futuro

Foto: eoi CC BY-NC-ND 2.0

Es el momento también de plantearnos de quién y dónde aprendemos. De aceptar que no sólo aprendemos del y con el profesor “clásico” sino también de los compañeros, de los amigos, de las situaciones. De aceptar un modelo que incorpore un tercer actor en la tradicional y exclusiva relación de pareja entre profesor y estudiante, una figura que actúe como un facilitador, como un coach, como un mentor. De pensar en el profesor como un hub, como un nodo de una red compleja en la que intervienen distintos roles y desde donde se producen distintas acciones e interaccionesSería pensar en el profesor conector o el profesor que escucha y amplifica, escucha y transmite. Y, por último, un modelo que permita al emprendedor aprender individualmente o colectivamente, de aprender contenidos y procesos. De aprender en la clase pero también en espacios reales, gestionando proyectos. De aprender de y con otros profesionales. De aprender adquiriendo conocimiento y de aprender haciendo (learning by doing).

Las oportunidades son enormes. La oferta para aprender a emprender es descomunal y abarca desde campamentos de verano para niños (Iniciador Kids) a cursos masivos online y gratuitos (MOOC) de prestigiosas universidades como Stanford sobre emprendimiento (Technology Entrepreneurship). Nos encontramos, probablemente, en uno de los mejores y más dinámicos momentos para aprender.Emprender, por otro lado, se nos revela cada día con más claridad no sólo como una necesidad, sino como la mejor opción posible. Cada día más: Es el momento de aprender. Es el momento de emprender.

Entrada publicada originalmente en el Blog de UNIR Emprende

About these ads

Un pensamiento en “Aprender a emprender

  1. Pingback: Nuevas formas de aprendizaje | co.labora.red

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s