Cultura digital/Innovación

Por una ecología de la empresa…

…o cómo afectan los contextos locales a los procesos de internacionalización empresarial.

En otoño de 2006, Thomas Hobner, CEO de la multinacional Metro Cash & Carry evaluaba los siguientes pasos a dar en su estrategia de expansión en India. A pesar del éxito obtenido previamente en China y en Rusia, tres años después de su desembarco en Bangalore, la multinacional había abierto tan solo dos tiendas en lugar de las diez previstas por año. Y aunque había incrementado sus ventas anualmente luchaba contra fuertes restricciones legales que les impedían entrar en uno de los principales segmentos del mercado indio, teniendo que enfrentarse al mismo tiempo con fuertes reticencias y protestas por parte de poderosos grupos de influencia local que cuestionaban la pertinencia de un multinacional como Metro Cash & Carry en el país.

No hay verdades desnudas, como tampoco hay ciudadanos puros. Bruno Latour. Nunca hemos sido modernos

Está claro, al menos en opinión de Hobner, que algo estaba fallando es su estrategia de expansión y en sus procesos de difusión de la información. La creciente globalización de los mercados y la imparable internacionalización empresarial ha provocado en los últimos años un incremento en la transferencia de conocimiento entre organizaciones y un considerable aumento en el volumen y en la tipología de estas transferencias. La definición canónica de globalización hace referencia a la “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. El término globalización fue utilizado por primera vez por  F. Theodore Levitt en The Globalization of Markets para describir las transformaciones que venía sufriendo la economía internacional desde mediados de la década de los 60.

Oficinistas en Boston en 1921

Todo parece indicar que la economía, como ya preveyeron los clásicos, se ha hecho por fin universal, que ha llegado el momento de cumplir el sueño del comercio internacional señalado por Adam Smith, que la gestión empresarial se ha estandarizado hasta el punto de convertirse en un producto fácilmente replicable y exportable, que transplantar un modelo de negocio requiere que prestemos escasa atención al contorno y al entorno. Y sin embargo Hobner sigue inquieto.

En otro contexto y en otra tradición, la de los estudios sociales y la antropología de la ciencia, Bruno Latour afirmaba y se preguntaba de manera preclara hace ya más de 20 años que “si la ciencia no se funda sobre ideas sino sobre una práctica, sino está situada en el exterior sino en el interior de la cámara transparente de la bomba de aire, y si se desarrolla en el espacio privado de la comunidad experimental entonces ¿cómo puede llegar a todas partes? ¿cómo puede llegar a ser tan universal como la ley de Boyle o la ley de Newton?”. Preguntas pertinentes para el caso que nos ocupa y cuya respuesta no podía ser más clarificadora: “la ciencia nunca se transforma en un universal, al menos a la manera de los epistemólogos; su red se extiende y se estabiliza”. Respuesta que, como veremos, tiene mucho con ver con los actuales procesos de globalización e internacionalización empresarial.

Cada progreso es una ganancia del individuo y una separación en el conjunto, es un aumento de potencia que termina en un aumento de impotencia. Robert Musil. El hombre sin atributos

Volviendo de nuevo al campo del conocimiento científico, observamos cómo a lo largo del siglo pasado la actividad científica dejó de ser vista por una gran parte de los ciudadanos como una actividad neutra y carente de valores, abandonándose definitivamente el ethos puritano que estudiosos como Robert Merton habían propuesto para definir la práctica científica. Cuatro eran, según Merton, los valores que habían hecho de la ciencia una institución ejemplar, admirada e imitada por todos: escepticismo organizado (antidogmatismo), universalismo (fundamentación experimental), desinterés y comunismo (trabajo colectivo). Valores todos ellos, por cierto, que todavía hoy dominan la manera que tenemos de conceptualizar y entender el conocimiento empresarial. Porque si el conocimiento es universal, desinteresado, basado en el trabajo colectivo y fundamentado en datos, parecería fácil sino inmediata su transferencia e implantación en otros lugares, en otras culturas y en otras tradiciones.

Oficina circa 1920

Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo pasado se abordó el problema de la producción y difusión de la ciencia y del conocimiento en tanto que la empresa de profundas implicaciones culturales que es. Y esto, hizo necesario nuevos recursos conceptuales que nos han permitido hoy explorar la diferencia y la relevancia social que laciencia adquiría cuando su práctica se extendía por diferentes culturas y contextos. Y que han llevado a que hoy sea tan evidente para cualquier ciudadano que no solo hay conocimiento en las instituciones científicas como que éste no se mueve por lógicas internas. Estudios que han cuestionado las respuestas fáciles y obvias. Trabajos que han permitido que tengamos claro qué es y qué no es conocimiento o dónde están las fronteras entre éste y otras formas de gestionar la naturaleza. Porque al final, cómo se construye, cómo se difunde y cómo se implanta el conocimiento en otros contextos distintos al de su origen, depende, entre otras cosas, de múltiples factores, de marcos institucionales diversos, de distintos modos de control social y también, por que no, de quién lo financia y quién lo soporta económicamente.

Lo que entendemos hoy por conocimiento, por tanto, no es sólo un conjunto (abierto) de saberes sino también sus prácticas, sus formas y maneras de proceder así como su vinculación al poder y a sus múltiples rostros. Es evidente que éste ha sido siempre una manera de hacer las cosas pero también una forma de ordenar y de gobernar, un método eficaz y exitoso de gestionar tanto la naturaleza como la sociedad. El conocimiento no es un vehículo neutral que nos conduce automáticamente a un mundo mejor. No se cuestiona la validez de esta afirmación pero como cualquier otro producto humano, lo que éste produce es parte del mundo y debe estar vinculado a nuestras preocupaciones. Parecería lógico pensar que si el conocimiento científico está fuertemente condicionado por los contextos locales, tanto más debería pensarse del conocimiento empresarial.

En los últimos años, con el incremento en cantidad e intensidad de los procesos de internacionalización, se han sucedido los estudios, informes, casos y artículos que han tratado de comprender los procesos de transferencia del conocimiento empresarial. Si miramos las multinacionales como construcciones sociales, levantadas sobre contextos concretos y locales, resulta más fácil entender los procesos de transferencia de conocimiento empresarial. Entender los procesos de gestión del conocimiento en organizaciones globales y multinacionales requiere por tanto ahondar en la complejidad que supone adquirir, transferir e integrar este conocimiento.

En el trabajo. 1920

Diversos autores han señalado cómo se producen constantemente transferencias de conocimiento de manera espontánea y desestructurada, independientemente de que el proceso haya sido dirigido o no. Sin embargo, la efectividad de estas transferencias está directamente relacionada con la capacidad del emisor y receptor de usar de manera apropiada los mecanismos institucionales y de comprender las lógicas locales propias del lugar de recepción (licencias, patentes, gestión de la propiedad intelectual, costumbres, prácticas…).

Por otro lado, es de todos conocido que la creciente independencia de las economías en vías de desarrollo como resultado de la inversión de compañías multinacionales ha supuesto importantes cambios en la economía mundial. Tres aspectos son especialmente relevantes para el tema de la transferencia de conocimiento empresarial: el establecimiento de un sistema global de competencia y colaboración, la desnacionalización de grandes empresas y la estandarización de las estructuras y las prácticas de la gestión empresarial.

Pero como bien han señalado numerosos estudios, estos cambios dependen tanto del desarrollo de poderosas organizaciones supranacionales como de un número limitado y diverso de instituciones de carácter nacional, regional y local. Todo parece indicar que mientras que estos sistemas nacionales (políticos, financieros, mercado laboral, culturales) permanezcan inalterados la internacionalización de empresas y multinacionales seguirá condicionada y los procesos de transferencia de conocimiento limitados.

No es excesivamente arriesgado afirmar que la importación sin contextualización de las lógicas mertonianas de la ciencia a la gestión empresarial, en cuanto que corpus de conocimiento y de prácticas fácilmente transferibles, ha hecho que las estrategias más comunes de internacionalización hayan pasado por alto en la mayoría de las ocasiones la importancia que tiene el conjunto de instituciones que soporta la actividad mercantil en occidente pero que está en parte o totalmente ausentes en las nuevas de regiones de expansión comercial.

New York, 1920

No es tanto una cuestión de “hardware” (siempre más fácil de transplantar) como de fuertes debilidades en el “software”: sistemas financieros inseguros, mercados laborales débiles, escaso desarrollo de los sistemas de comunicación, nula protección de los consumidores, altos índices de corrupción, exceso de procesos burocráticos o seguridad legal cuestionable. No estamos hablando tanto de herramientas y maquinaria como de procesos e información. Hablamos más de activos intangibles que de recursos físicos.

Es lo que Khanna, Palepu y Sinha llamaron en un artículo seminal publicado en 1997 “los vacíos institucionales“. Vacíos que hacen que las grandes multinacionales no puedan transferir sin más las estrategias de negocio que usan en sus países de origen a los mercados emergentes. Los últimos 10 años de investigación en este campo y de profunda globalización del mundo nos han dejado numerosos ejemplos que apoyan la idea de que sólo aquellas organizaciones que han sido capaces de “trabajar” estos vacíos institucionales han tenido éxito en sus procesos de internacionalización. La experiencia nos ha llevado a desarrollar estrategias de negocio diferentes a las usadas en casa o a implementarlas de maneras distinta. El éxito ha ido acompañado también de una adaptación a los contextos locales. Aquellas organizaciones que han sabido entender las diferencias institucionales y culturales entre países han sido más eficientes a la hora de seleccionar sus nuevos destinos y a la hora de diseñar estrategias adecuadas.

Además, la efectividad en la transferencia de conocimiento de un contexto cultural a otro depende en gran medida del tipo de conocimiento a transferir así como de la naturaleza de los modelos culturales que acompañan ese conocimiento y de las diferencias en los estilos cognitivos de los individuos involucrados en los procesos de implantación.

En la física clásica existe, de acuerdo con el sentido común, un mundo objetivo “ahí fuera”. El mundo evoluciona de un modo claro y determinista, gobernado por ecuaciones matemáticas formuladas exactamente. Esto es tan cierto para las teorías de Maxwell y Einstein como para el esquema original de Newton. Se considera que la realidad física existe independientemente de nosotros mismos; y el modo exacto de “ser” del mundo clásico no esta afectado por el modo en que decidimos observarlo…Roger Penrose. La nueva mente del emperador

Davenport y Prusak, definieron el conocimiento como una mezcla de experiencias, valores, información contextual y expertise que dota a las organizaciones de un marco de actuación para evaluar e incorporar nuevas experiencias e información.

El conocimiento surge así de experiencias únicas sucedidas en el seno de las organizaciones y del aprendizaje de los integrantes de las mismas y en numerosas ocasiones se encuentra no solo en documentos escritos y procesos normalizados sino también en las rutinas, tareas, procesos, prácticas, normas y valores de las organizaciones.

El conocimiento, a su vez, (y el empresarial no es una excepción) puede ser caracterizado de múltiples maneras según atendamos a unas u otras variables. Puede ser humano, social o estructurado, tácito o explícito, sistémico o independiente, puede ser en última instancia simple o complejo. Dependiendo de qué tipo de conocimiento estemos hablando o de qué tipo de conocimiento es necesario transferir en un proceso de internacionalización la manera de hacerlo será diferente. En concreto, en cualquier proceso de transferencia de conocimiento organizacional es especialmente relevante atender las tensiones que se producen en estas tres dimensiones: simple vs complejo, explícito vs tácito y sistémico vs independiente. Parece evidente que un conocimiento tácito, complejo y sistémico será más difícil de transferir y de absorber que uno explícito, simple e independiente. Pero es que además, según han demostrado algunos estudios recientes, no todas las sociedades ni todos los contextos culturales se comportan igual y son igualmente aptas en los procesos de implantación de conocimiento.

Trabajadores de Molson hacia 1930

Bhagat, Harveston y Triandis han conceptualizado el problema de la transferencia de conocimiento empresarial en dos proposiciones: En primer lugar, la transferencia de conocimiento es más efectiva si el tipo de conocimiento es simple, explícito e independiente y cuando esta transferencia involucra contextos culturales similares. En segundo lugar, aquellas organizaciones cuyo origen es una cultura individualista son más capaces de transferir y absorber nuevo conocimiento explícito y simple que organizaciones localizadas en culturas colectivistas más aptas para el conocimiento tácito y sistemático. Grandes multinacionales exitosas en sus contextos de origen (culturas horizontales e individualistas) se han enfrentado con crecientes problemas a la hora de aterrizar en culturas fuertemente verticales y colectivas como son los casos de Brasil, China, Egipto, India y Nigeria, entre otras. En todos estos casos se han producido enormes dificultades porque, a pesar de que en un primer momento el contexto ha facilitado la transferencia, las diferencias provocadas a la larga no solo lo han dificultado sino que en incontables ocasiones lo han impedido.

A pesar de que hoy en día son cada vez más numerosas y rotundas las afirmaciones a favor de la convergencia y la globalización de las estructuras organizativas y las estrategias de gestión empresarial, las formas y maneras en las cuales las actividades económicas se organizan y se controlan varían considerablemente de una región a otra, de un país a otro. Puede sostenerse, a modo de conclusión, que sociedades con diferentes marcos institucionales continuarán desarrollando y reproduciendo distintos sistemas de organización económica.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s