Educación/Tecnología

Una educación para nuestros tiempos

La abundancia

En toda Europa existe la impresión de que hay demasiados libros, al revés que en el Renacimiento. ¡El libro ha dejado de ser una ilusión y es sentido como una carga! El mismo hombre de ciencia advierte que una de las grandes dificultades de su trabajo está en orientarse en la bibliografía de su tema”, afirmaba de manera premonitoria Ortega y Gasset en la Misión del bibliotecario (1935).

Old Tech. Alejandro Polanco. CC 2.0 by-nc https://flic.kr/p/39t7t

Old Tech. Alejandro Polanco. CC 2.0 by-nc https://flic.kr/p/39t7t

En los últimos 80 años, esta impresión no ha hecho más que acrecentarse. Hoy, cualquier intento de estar al día de la bibliografía relevante en un área es una tarea inabarcable. Ni siquiera es posible recurriendo al gran invento de nuestra modernidad: la hiperespecialización.

Hace tiempo que el conocimiento no cabe en nuestros anaqueles, que se ha desbordado y no lo podemos contener ni en bibliotecas, ni en academias, ni en museos. Que no es posible encerrarlo tampoco en las aulas, ni dominarlo en los laboratorios.

El aumento exponencial de la producción de libros, informes y artículos ha convertido a la gestión de la información y el conocimiento en una de las competencias críticas para el futuro personal y profesional de cualquiera. Nos ha convertido a todos, en cierta manera, en bibliotecarios. Todos somos improvisados lectores para otros.

Nuestra modernidad se sustentó en un relato específico de cómo y dónde se producía y difundía el conocimiento. Un relato basado en el orden y la clasificación. Una historia de éxito soportada en los pilares de la especialización, la reducción, la simplificación y los protocolos. Un relato, en definitiva, el de nuestra modernidad, que tuvo que ignorar la complejidad para ser eficiente. Y que al hacerlo dejó de lado otros relatos posibles, otros actores, otros lugares, otras tradiciones y otras maneras de ver y hacer. Un modelo económico y un sistema educativo, basados en generar y gestionar la escasez. Esto ya no es así. El conocimiento es abundante. El mundo es complejo. Las soluciones son híbridas.

Los lugares

Siempre supimos que los espacios encarnaban las ideas y que las ideas daban forma a los espacios. Siempre supimos que cada espacio encerraba una lógica determinada. Que Villanueva diseñó el actual Museo del Prado no para albergar una colección de arte sino para ser una Academia, un Gabinete y un Laboratorio y que responder a ese triple uso determinó su arquitectura, sus diferentes accesos, salas y corredores.

De la misma manera, las escuelas con sus aulas separadas y preparadas para que los profesores impartan sus materias de manera sucesiva e independiente son en gran medida un producto de la tecnología del libro. Como las páginas de un libro, “todo está organizado para escuchar, porque estudiar simplemente las lecciones de un libro no es más que otra manera de escuchar, marca la dependencia de un espíritu respecto a otro“, se quejaba John Dewey en 1905 ante la disposición normal de las aulas que no permitían el tipo de pedagogía activa que él propugnaba.

Esto sigue siendo verdad. Las ideas determinan los espacios, las tecnologías marcan los procesos, las metodologías, por su parte, condicionan tanto los espacios como las tecnologías. Pensar en la gestión del conocimiento es pensar en los lugares donde se produce.

Manuel. Arte Salvado CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/7Cw1wz

Manuel. Arte Salvado CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/7Cw1wz

La diversidad

Internet no ha hecho más que añadir complejidad a la relación entre espacios y prácticas. Y al mismo tiempo ha acelerado, como nadie podía imaginar, la deriva inflacionista de conocimiento que nos señalaba Ortega.

La transformación digital ha modificado profundamente todos los aspectos de nuestra vida. Hemos cambiado para siempre la forma en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos, nos relacionamos, amamos o protestamos, dice Castells. Un impacto aún mayor en todo lo que tiene que ver con el conocimiento y el aprendizaje.

Internet es una plaza abierta y es una biblioteca. Un aula y un laboratorio. Un museo botánico y una selva por explorar. Internet es nuestra escuela y nuestro lugar de ocio. Es nuestro curriculum vitae y nuestro puesto de trabajo. Es, en definitiva, un gran archivo de información, un gigantesco commonplace book. Un lugar donde los trail blazers que identificó Vannevar Bush en 1945 bucean en los vastos océanos de la información, enhebrando un documento con otro, dejando una estela de significado entre las olas de ruido, contradicción y redundancia. Un lugar común y compartido, un laboratorio de producción colectiva en al que todos o casi todos tenemos la posibilidad de acceder para reordenar, modificar y reelaborar constantemente la información y el conocimiento.

Las instituciones que tradicionalmente tenían la exclusividad para producir y difundir conocimiento (el laboratorio, la universidad, la academia, el museo, la empresa o la escuela) se han visto obligadas a cambiar e incorporar procesos de trabajo y de gestión colaborativos y permeables a la participación. Internet ha acabado con el sueño de la modernidad, con el orden y la disciplinariedad. Internet es la infraestructura de nuestra vida. Es nuestro marco.

Juan Rax. Old Machine. CC 2.0 by https://flic.kr/p/47Ji3Y

Juan Rax. Old Machine. CC 2.0 by https://flic.kr/p/47Ji3Y

El desafío

Nuestro gran desafío hoy es aprender a elegir. Nuestro reto más urgente es hacer frente a la incertidumbre del cambio y superar la parálisis que provoca la abundancia (Barry Schwartz). Más que respuestas debemos ser capaces de hacernos preguntas. Más que soluciones cerradas, nuestro tiempo reclama diversidad. Más que lugares concretos comunidades abiertas y más que contenidos necesitamos competencias. Más que saber vivir en la solidez de lo conocido necesitamos manejarnos en la liquidez de lo incierto. “Estamos tan acostumbrados a que alguien (normalmente ese grupo impreciso llamado expertos) nos diga siempre lo que debemos hacer o cómo debemos actuar que cuando no se nos suministra una receta parece que hubiera una omisión flagrante” (John Abbott: Battling for the Soul of Education). Este es el reto. Debemos desarrollar nuestro espíritu crítico.

La escuela

En la era de las redes, en la era de la abundancia, el aprendizaje ocurre en cualquier lugar y en cualquier momento. No sucede solo cuando estamos con nuestro profesor o con nuestros compañeros, sino también con amigos y desconocidos. No está limitado a un horario, ni a un periodo de tiempo.

Ante este escenario la pregunta parece evidente. ¿Para qué necesitamos hoy la escuela? (Will Richardson). O, mejor, dicho de otra manera, ¿qué nos debe ofrecer la escuela cuando el conocimiento es abundante?.

Their History. Zuecos para el colegio. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/c1uMnW

Their History. Zuecos para el colegio. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/c1uMnW

Podríamos responder a la pregunta de por qué la escuela, negando la mayor y apelando a la desescolarización o una escolarización diferente al modo de las escuelas radicales de los años 70. Pero ni John Abbott en Battling for the Soul of Education, ni Will Richardson  en Why School lo plantean en esos términos. Al contrario, sus esfuerzos pasan por buscar respuestas desde lo que tenemos. Sus propuestas apuestan por revalorizar el sentido original de la escuela.

Para Richardson sigue siendo válida la idea de la escuela como un lugar donde nuestros niños van a aprender con los demás, un lugar para aprender de la experiencia de los otros, un lugar para cambiar el mundo. Un lugar donde hacer posible el sueño de John Dewey de una escuela centrada en los alumnos, con un aprendizaje personalizado pero colectivo. El sueño de una educación sujeta a valores, situada, local y fuertemente influida por los contextos donde se desarrolla pero que no debe perder de vista su alto impacto social ni dejar de salvaguardar los valores primordiales de la equidad, la accesibilidad y la responsabilidad social.

Abbott, por su parte, cree que la mayoría de las escuelas siguen pensando que los niños han nacido para ser enseñados en lugar de para aprender. Sostiene que el sistema educativo actual está diseñado para reducir la capacidad de adaptación del individuo y en el fondo limitar las múltiples opciones con las que todos nacemos. Mantiene que el sistema educativo está orientado a desarrollar y a mejorar una serie de competencias concretas. Que está pensado para producir trabajadores eficientes que satisfagan necesidades concretas. Pero que esto requiere tener una gran certeza acerca del futuro, algo, que como sabemos, no solo ya no tenemos sino que parece cada día más difícil de sostener. Nunca como ahora había sido más válida la frase de Virginia Woolf,El futuro estaba siempre demasiado cerca y era un interrogante demasiado grande.” Ante la incertidumbre que nos decía Woolf, la capacidad de adaptación y la creatividad, el aprender a aprender, no sólo son deseables, sino que son esenciales.

Virginia Woolf por Lady Ottoline Morrell. National Portrait Gallery

Virginia Woolf por Lady Ottoline Morrell. National Portrait Gallery. Junio 1924

Teniendo en cuenta lo que sabemos sobre el aprendizaje humano, parecería que lo que necesitamos no es una nueva reforma de la escuela sino una transformación radical del sistema educativo con la implicación de las familias, la comunidad y las escuelas”, afirma Abbott en Battling for the Soul of Education. Debemos poner en marcha, insiste, una campaña para revertir la actual sociedad sobre escolarizada pero poco educada (Overschooled but Undereducated. 2009).

En estos últimos 25 años, “hemos asumido que estamos en una “crisis en la educación, pero hemos sido extraordinariamente lentos en admitir que esto es sólo un síntoma de un problema mucho más profundo”. La búsqueda de la eficiencia se ha convertido en el factor determinante de las políticas de educación. Se ha convertido en un fin en sí mismo. Hemos puesto por delante los resultados, las pruebas internacionales y la evaluación de los docentes. Hemos puesto el acento en la mejora de las escuelas individuales, incentivando la competencia entre ellas, en lugar de invertir en la capacidad general de todo el sistema. Todos nuestros esfuerzos parecen estar centrados en los individuos, en lugar de construir soluciones para el grupo.

¿Qué aprendemos?

“Ahora sé caminar; no podré aprenderlo nunca más”, escribió en 1932 Walter Benjamin rememorando su infancia en Berlín hacia 1900. Seguramente con cierta nostalgia. Con la pena de algo pasado que no volvería, con la mirada del adulto que idealiza su niñez como una época perfecta en la que diversión y aprendizaje se entremezclan continuamente. Cuando Benjamin escribe esta frase acaba de cumplir cuarenta años, hace tiempo que ha dejado de ser joven. Es, para su época, una persona de edad, un hombre maduro, un intelectual hecho. Es en su caso también y trágicamente alguien con más pasado que futuro. Sus cuarenta años, por cierto, como los cuarenta años de cualquiera de sus contemporáneos no parecen comparables con nuestros cuarenta años de ahora.

City of Vancouver Archives. Marion Lawrence. Profesora de griego CC 2.0 by https://flic.kr/p/aEJi6h

City of Vancouver Archives. Marion Lawrence. Profesora de griego CC 2.0 by https://flic.kr/p/aEJi6h

Si hay algo verdaderamente diferente entre el mundo de Benjamin y el nuestro es precisamente la necesidad actual de aprender continuamente a caminar, de reaprender y aprender siempre, de no poder dejar nunca de aprender y de tener que hacerlo constantemente y a lo largo de toda la vida. Aprender a aprender, es otra de las competencias que necesitamos desarrollar para enfrentar el futuro con ciertas garantías. Probablemente nunca como hasta ahora había sido tan evidente que aprender no es algo circunscrito a una momento de nuestra vida (el momento de estudiar), ni a una edad determinada (la edad de aprender a andar), ni a un lugar concreto (la escuela). Parece llegado el momento de hacer válida la recomendación formulada por la UNESCO en 1972 en el llamado Informe Fauré: “Ya no se trata de adquirir, aisladamente, conocimientos definitivos, sino de prepararse para elaborar, a todo lo largo de la vida, un saber en constante evolución y de «aprender a ser»”.

Nada explica mejor esta situación que la historia que nos cuenta el propio Abbott en su libro. “Para usted, dice un alumno hablando con un maestro, la educación es como una cena rápida frente al televisor. Nos indica que vayamos al congelador, saquemos un paquete de comida precocinada, leamos las instrucciones detalladamente, abramos la caja, rasguemos con cuidado el envoltorio y lo metamos en el microondas durante el tiempo adecuado. Si seguimos bien las instrucciones, obtendremos buenas notas. Pero esto es muy aburrido, señor maestro. Lo que sería interesante es hacer nuestra propia receta, mezclar diferentes ingredientes elegidos por nosotros. Y si no funciona, cambiar la receta un poco y seguir intentándolo hasta conseguir que salga bien. Visto así el aprendizaje sería divertido y el proceso nos haría pensar. De momento la educación nos enseña a encajar en el mundo actual en lugar de formarnos para construir el mundo.”

Necesitamos repensar también el qué necesitamos aprender. Pensar qué competencias queremos adquirir, qué conductas favorecer y qué alfabetizaciones necesitarán nuestros hijos en el futuro. Necesitamos también cambiar los cómos y los dóndes. Necesitamos pensar de nuevo los roles de la escuela y del profesor. Transformar la educación no pasa por rendir más, ni por obtener mejores resultados con menos recursos, ni por destacar en los tests y en las pruebas internacionales sino por abrir una discusión sobre cómo “escolarizar” y cómo educar de manera diferente para una época diferente. Sobre ¿cómo aprender cuando el mundo cambia constantemente?

Fio. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/rkhpYa

Fio. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/rkhpYa

¿Qué aprender cuando el conocimiento es abundante y ubicuo?, ¿qué pasa cuando las preguntas son más importantes que las respuestas ?, ¿qué pasa si lo fundamental no es aprender a aplicar técnicas concretas, sino inventar nuevas?, ¿qué pasa cuándo son los propios estudiantes los que deciden qué estudiar teniendo en cuenta las cosas que realmente les importan?.

¿Es posible diseñar entornos de aprendizaje que respondan a estas cuestiones?. ¿Es posible crear entornos que favorezcan la creatividad y que fomenten el espíritu crítico y la innovación?. ¿Qué sucede con el aprendizaje cuando pasamos de la infraestructura estable de siglo XX a la liquidez del siglo XXI, donde la tecnología está constante y al mismo tiempo provocando cambios y respondiendo al cambio?

Estas son algunas de las grandes preguntas que se plantean John Seely Brown y Douglas Thomas en A New Culture of Learning. Sus respuestas toman un camino no habitual y señalan que el tipo de aprendizaje que caracterizará a nuestro siglo, no sucederá en las escuelas, ni estará mediado por la figura del profesor. Sostienen que estamos frente a una nueva cultura del aprendizaje sin libros, sin maestros y sin aulas. Que sucede en entornos limitados pero donde se actúa con total libertad, como sucede en el juego. Nuestra imaginación y nuestra capacidad de cuestionarnos las cosas son el combustible que sustentará esta nueva cultura del aprendizaje.

Solíamos ir a la escuela con la creencia de que íbamos a aprender un conjunto fijo de habilidades que nos servirían a lo largo de nuestras vidas, dicen. Esta creencia ya no es válida, si es que alguna vez lo fue. El reto ahora, o la oportunidad dicen otros, es el aprendizaje permanente que va mucho más allá de adquirir unas habilidades específicas. El reto pasa por fomentar nuestra capacidad de cambio, adaptación y adquisición de nuevas habilidades de manera rápida y continua.

Piotr

¿Cómo aprendemos?

Todo está cambiando de manera radical y tan rápidamente que nuestro software mental está constantemente en la necesidad de actualización”, afirma también Cathy Davidson (Now You See It). El cambio es lo único que permanece constante. Todo cambia a nuestro alrededor menos la educación. ¿Por qué, en un período durante el cual hemos vivido la revolución de muchas áreas de nuestra actividad, no hemos presenciado un cambio comparable en la manera en que ayudamos a nuestros niños a aprender? se preguntaba en 1993, Seymour Papert, uno de los principales expertos en tecnología educativa. Todo cambia menos la educación se preguntan también John Seely Brown y Douglas Thomas. Todo cambia menos la educación se pregunta desde hace más de 20 años Cathy Davidson.

Dos décadas en los que la necesidad de transformar la educación ha sido una constante y en las que la tecnología ha sido vista como el aliado perfecto para este cambio. La realidad es que la tecnología, a pesar de las grandes inversiones realizadas y las esperanzas depositadas en ella, no ha cumplido el papel esperado como palanca del cambio. La realidad es que la educación ha cambiado poco en los últimos decenios.

Y, sin embargo, dos décadas en las que todos nosotros hemos cambiado. Dos décadas en las que han cambiado los estudiantes que ya han incorporado las tecnologías de la comunicación en sus vidas. Debemos ser capaces, dice Davidson, de dar cuenta de estos cambios, de las infinitas maneras en que nuestros estudiantes ya están pensando, escribiendo y la comunicándose antes de entrar en clase.

La inercia, la comodidad, el miedo a lo desconocido nos llevan a mantener modelos de enseñanza y de evaluación que ya no son válidos para una generación de estudiantes que se enfrentan constantemente a desafíos a medida que aprenden. Una generación que debe sobre todo aprender a pensar críticamente y a vivir en nuestra actual era de sobrecarga de información, afirma Davidson en Now You See It, un intento de abordar los cambios que nos demanda la sociedad en el ámbito del aprendizaje recurriendo a lo que sabemos sobre el proceso mismo de aprendizaje.

Alfonsina Blyde. Decidir un camino. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/4EFyNj

Alfonsina Blyde. Decidir un camino. CC 2.0 by-nc-sa https://flic.kr/p/4EFyNj

Davidson comparte con Ortega y con Benjamin la idea de que en la era del conocimiento lo que nos sobra es conocimiento y que la mayor competencia que debemos desarrollar es nuestra capacidad de selección, nuestra habilidad para enfrentarnos críticamente al mundo que nos ha tocado vivir.

Para explicar lo que nos está pasando, toma prestado de las ciencias cognitivas el principio de la ceguera de atención (el aprendizaje es un proceso fisiológico en el que las conexiones neuronales se construyen y reconstruyen constantemente determinando a qué debemos prestar atención y qué ignorar). Sostiene que la respuesta que damos ante la abundancia información y la sobre demanda de atención no es tanto un fenómeno de multitarea como de enfoque selectivo y móvil de nuestro foco de interés. Y sugiere que la calidad de la atención que necesitamos cultivar en la era digital es esencialmente diferente a cualquier cosa que hemos necesitado hasta ahora. E insiste en que debemos preparar a nuestros alumnos para ser ciudadanos informados y trabajadores eficaces en una economía global. Davidson nos propone también las competencias que debemos desarrollar, ofreciendo un interesante catálogo de los patrones y valores que constituyen enfoques eficaces para la educación en tiempos de redes.

La tecnología

Pensar en la educación en tiempos de redes es pensar en cuál debe ser el papel de las tecnologías en la transformación educativa y también cómo debe ser la educación para aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrecen las tecnologías. Larry Cuban escribió hace un década un libro imprescindible para comprender la compleja relación entre cambio educativo y tecnología. Oversold and Underused. Computers in the Classroom (2003), continuaba una corriente de pensamiento crítico ante el excesivo entusiasmo que muestran muchos sobre la capacidad transformadora de la tecnología.

Grace Murray Hopper at the UNIVAC keyboard, c. 1960

Grace Murray Hopper at the UNIVAC keyboard, c. 1960

La historia nos muestra que desgraciadamente ha sido común entre muchos reformadores la idea de que si introducimos la tecnología en el aula, ésta será utilizada y si es utilizada, entonces, transformará la educación. En esta historia de la tecnología y su impacto en la transformación educativa no pueden faltar Michael Fullan, quien sistemáticamente ha insistido en que la que la tecnología no es la buena palanca para la transformación educativa, ni por supuesto Neil Selwyn (Distrusting Educational Technology), quien ha escrito extensamente sobre numerosos aspectos de la educación y la tecnología, sobre políticas de tecnología educativa y sobre la experiencia de los estudiantes en el aprendizaje basado en tecnología.

Neil Selwyn, Larry Cuban y Michael Fullan, llevan años analizando con detalle las complejas relaciones existentes entre la transformación educación y la tecnología e insistiendo en que ésta última, a pesar de las grandes inversiones realizadas y las esperanzas depositadas en ella, no ha cumplido aún el papel esperado como palanca del cambio. Los tres abogan por que abordemos la relación entre tecnología y educación con una mirada crítica y abierta. Los tres sostienen que la transformación requiere de la innovación simultánea en nuevas pedagogías, nuevas tecnologías y nuevas formas de organización.

No se trata de ser un neoludita o de defender una posición anti tecnología porque sí. Lo que Selwyn pretende es que analicemos con profundidad a la pregunta sobre qué es la tecnología digital y qué no es. Que pensemos, sin dejarnos convencer por los discursos tecno utópicos, en qué puede ayudar la tecnología a la educación y en qué no. Y, en última instancia, que busquemos mejores formas de utilizar la tecnología digital en la educación.

Para ello, Selwyn analiza con exhaustivo detalle cuatro de las grandes tendencias en las que la tecnología está incidiendo en la educación en la actualidad:

  1. las tecnologías de aprendizaje online
  2. las tecnologías abiertas,
  3. los juegos
  4. las tecnologías sociales.

Aunque con mucho el verdadero logro de Selwyn no es tanto haber acertado con un título provocativo, ni por el detalle con el que ha abordado cada uno de estas tendencias, sino por el amplísimo material que el libro suministra para hacernos pensar en lo que señala en su subtítulo: “cuestiones críticas para los nuevos tiempos”. La educación digital, sostiene Selwyn y ahí coincide con Richardson y con Abbott, se está construyendo en torno a una disminución de nuestras obligaciones hacia los demás, una lógica de la competencia y una disminución del sentido de la solidaridad y colaboración.

The USA National Archives https://flic.kr/p/8cKS8f

The USA National Archives https://flic.kr/p/8cKS8f

Corremos el riesgo, apunta, de que el aprendizaje a través de las tecnologías digitales fomente la búsqueda del interés propio y la mejora de las condiciones de vida de cada uno en lugar de preocuparnos por la condiciones de los otros.

En el mejor de los casos, tomar una acción pública o contribuir a un bien común se convierte en un acto de expresión personal, en lugar de una compromiso ciudadano básico.

La escuela como un lugar de ciudadanía

John Abbott, Will Richardson, John Seely Brown, Douglas Thomas, Cathy Davidson y Neil Selwyn comparten diagnóstico al afirmar que el mundo en el que vivimos reclama nuevas maneras de acercarnos a la educación, nuevas formas de enseñar y de aprender, nuevos espacios y nueva competencias. Todos ellos, llevan más de 20 años investigando sobre cómo adaptar la educación a nuestros tiempos. Leerles merece la pena ya solo por su trayectoria y su experiencia. Más que una publicación concreta destaca su obra completa. Todos tratan de responder a la pregunta básica de por qué la escuela. Todos se cuestionan cómo debe ser educación para poder dar respuesta a un mundo en el que tanto el aprendizaje como el conocimiento están por todos lados y es abundante. Todos consideran que la gestión del conocimiento, el aprender a aprender, el espíritu crítico, la iniciativa y la creatividad son las nuevas competencias básicas. Sus respuestas sin estar alejadas son distintas. Dónde ponen el foco y qué recursos movilizan los diferencia. Pero todos nos urgen a construir una nueva manera de entender la escuela. Todos, en el fondo, nos ayudan a cuestionarnos el futuro que queremos para nuestros hijos y el papel que debe desempeñar la escuela en ese futuro. Todos también tratan de responder a cómo debe ser la educación en nuestro actual tiempo de redes. Todos, creo, compartirían la afirmación de Giner de los Ríos: “Es ya un lugar común, al menos en los labios, que hay que renovar los métodos, haciéndolos activos, personales, tendiendo a favorecer la evolución formal del espíritu y hacer que éste busque y halle por sí mismo los materiales que ha de construir su pensamiento, y que solo de esta suerte hace suyos, si no quedan tan extrañas a él y tan estériles para su educación y aun para su mera cultura, si es tal cultura, como los libros en los estantes de una biblioteca cerrada, ¡como suelen estarlo las nuestras!.”

Y todos, creo, asumirían la afirmación de que cuanto más confusos nos sentimos acerca de los grandes temas de la vida, menos dispuestos estamos a dar a nuestros hijos espacio para poder resolver las cosas por sí mismos.

el-mayor-riesgo-es-no-arriesgar

Hay muchas maneras de responder a las preguntas que aquí hemos planteado. A mi me gusta seguir pensando en la escuela ante todo como un lugar de ciudadanía, como un lugar para la innovación ciudadana. Me gusta reformular las preguntas y tratar “tan solo” de responder a cuál es (o cuáles son) el mejor método para que un alumno sea en el futuro un buen ciudadano. Y me gusta también pensar en la escuela no como un lugar donde reside y se transmite la verdad, en donde se dan explicaciones, sino como un lugar que “nos permita hacer el futuro humano más grande que el pasado, más grande en el sentido de crear seres humanos que puedan imaginar más y hacer más. Estoy totalmente de acuerdo con Richard Rorty cuando dijo que “en lugar del lema un tanto engañoso la verdad nos hará más libres, deberíamos decir nuestra capacidad para volver a describir las cosas con términos novedosos nos hará más ricos, complejos e interesantes de lo que éramos”. Urge, nos urge, una nueva forma de hacer las cosas. Urge una educación en tiempos de redes. Una educación para nuestros tiempos.

Este texto fue publicado originalmente como reseña en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza de Julio de 2014 (BILE nº93-94 julio 2014 pp. 127-133).

1. Battling for the Soul of Education. Moving beyond school reform to educational transformation. The 21st Century Learning Initiative. John Abbott et al. 2014

2. Why school. How education must change when learning and information are everywhere. Will Richardson. TED, 2012

3. A new culture of learning. Cultivating the Imagination for a World of Constant Change. Douglas Thomas y John Seely Brown. 2011

4. Now You See It: How Technology and Brain Science Will Transform Schools and Business for the 21st Century. Cathy N. Davidson. New York: Viking, 2011

5. Distrusting Educational Technology: The Questions We Should Be Asking, But Are Not: Critical Questions for Changing Times. Neil Selwyn. Routledge, New York.. 2014.

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