Educación

Enseñar menos, aprender más

Aprender se ha vuelto una actividad imprescindible. Vivimos en un mundo cambiante, innovador, digital, abundante, veloz, incierto, frágil, fragmentario, permeable, desigual y voluble. Todo cambia y nada permanece. Ni siquiera el ritmo de cambio es estable y cada día se acelera más dificultando nuestra adaptación.

Nunca como hasta ahora había habido tanto interés social por la educación, ni tanta demanda de formación. Cada día pedimos más a la educación porque sabemos que solo las personas capaces de adaptarse a los cambios y a los nuevos aprendizajes podrán encarar con alguna garantía el futuro. Por otro lado, “cada vez dedicamos más años de la vida, y más horas de cada día, a la tarea de aprender, y sin embargo, aparentemente, cada vez se aprende menos, o por lo que parece, hay cada vez una mayor frustración con lo que se aprende”, dice Juan Ignacio Pozo (2016).

Se está produciendo una brecha creciente entre las necesidades sociales de educación y los resultados que los sistemas educativos son capaces de generar. Vivimos en una sociedad del aprendizaje que, paradójicamente, nos reclama un cambio profundo en nuestras formas de aprender y enseñar. La educación se enfrenta al reto de formar para una sociedad cambiante. Una sociedad caracterizada por la incertidumbre, la inseguridad, la flexibilidad y la ambigüedad.

Ya no nos sirve una educación cerrada y predeterminada sino una educación, como sostiene Zygmunt Bauman, sobre la marcha. Somos cada día más conscientes de que necesitamos una educación no tanto para toda la vida como durante toda la vida. Nos enfrentamos al reto de preparar a los alumnos para un futuro incierto. De prepararles a prueba de futuro.

Ivan Constantin. La tete en bas. cc by-nc-sa https://flic.kr/p/dbQhAh

Ivan Constantin. La tete en bas. cc by-nc-sa https://flic.kr/p/dbQhAh

Enseñar menos, aprender más ha sido desde hace más de una década el sugerente lema de la estrategia educativa de Singapur. Su objetivo, fomentar que la curiosidad de los alumnos “vaya más allá del currículo formal y desarrollen un amor por el aprendizaje que se mantenga a lo largo de la vida.” O dicho de otra manera, prepararles para la vida desarrollando y ampliando su capacidad para aprender. Dotarles, como sostiene Guy Claxton (1990), de las habilidades y la confianza en sí mismos necesarias para afrontar bien la incertidumbre. Convertirles, en definitiva, en buenos aprendices. En personas capaces de aprender a aprender.

La buena noticia es que aprender a aprender es una posibilidad para todos. La buena noticia es que a aprender se aprende (Guy Claxton, 2001).

Nacemos con potentes capacidades para aprender pero tenemos la capacidad de ampliarlas todavía mucho más (Guy Claxton, 2005). Si algo nos han enseñado las ciencias del aprendizaje en las últimas décadas es que desarrollar la facultad de aprender tiene mucho que ver con actitudes, creencias, tolerancia emocional y valores. Tiene que ver, como decíamos, con fomentar la confianza, con creer que se pueden resolver los retos, con saber gestionar con calma la incertidumbre que rodea cualquier problema relevante de la vida, con no desanimarse cuando las cosas no salen como pensábamos, con mantener el esfuerzo. Aprender requiere la capacidad para tolerar la frustración y la confusión; actuar sin saber qué sucederá, vivir en la incerteza sin sentirse inseguro. Aprender requiere, en gran parte, sentirse apoyado y legitimado, saber que se tiene el derecho a ser curioso, a hacer preguntas incómodas, a discutir, a llevar la contraria, a imaginar cómo las cosas podrían ser otra manera, a equivocarse. Expandir la capacidad de aprender requiere crear un clima y un entorno de aprendizaje adecuado donde todo esto se dé.

Preparar para la vida supone también enfocar los aprendizajes para desarrollar el pensamiento crítico, la curiosidad, la creatividad, la flexibilidad, la innovación, el aprendizaje a lo largo de la vida y la resilencia. Pero también, como sostienen desde la neurociencia cognitiva, la psicología experimental y los estudios socioculturales, la disposición y apertura hacia la imitación o la tolerancia ante la incertidumbre o lo que nos resulta confuso (Guy Claxton, 2007). Preparar para la vida supone desarrollar habilidades y competencias que nos permitan aprender a movilizar los conocimientos adquiridos para entender el mundo y poder actuar sobre él. Que nos permitan actuar de manera eficaz en situaciones concretas, movilizando y combinando, en tiempo real, recursos intelectuales y emocionales (Philippe Perrenoud, 2012). Para lo que es necesario comprender, como dice Pozo, que

aprender a decir y a hacer son dos formas diferentes de conocer el mundo y, por tanto, no basta con tener conocimiento para saber usarlo” (Juan Ignacio Pozo, 2016)

Pensábamos que acceder a la información nos hacía sabios y que el conocimiento teórico era la base también para el saber hacer y el saber ser. Las instituciones educativas han sido durante mucho tiempo el reino de lo cognitivo, pero no el dominio de lo afectivo (Miguel Ángel Santos, 2010).

Estábamos tan centrados en la construcción y reproducción racional del conocimiento que habíamos dejado fuera de las aulas los aspectos corporales y emocionales, las actitudes y las relaciones con los demás. Habíamos delegado en los ámbitos informales de la educación todo lo que tuviera que ver con la preparación para la vida personal, interpersonal y social. Pero hoy sabemos con certeza que no podemos separar inteligencia y cuerpo (Guy Claxton, 2012), igual que no hay aprendizaje sin emoción. Que todo aprendizaje es emocionante y que las emociones tienen un impacto importante y duradero en los logros de aprendizaje (María Reyes et al. 2012).

Más que dejar de lado o suprimir el cuerpo, las emociones y las actitudes, lo más eficaz para el aprendizaje es incorporarlos para construir el conocimiento cognitivo.

Hoy sabemos que aprender para la vida implica ser capaces de aprender a decir, a hacer y a ser y que por muy importantes que sean los conocimientos (que lo son) no son suficientes. Como tampoco es suficiente con entrenar y desarrollar habilidades. Es necesario también saber cuándo, dónde y para qué usar esos conocimientos y esas habilidades. Y es imprescindible también tener la autonomía, la voluntad y la disposición para usar unos y otros cuando las situaciones nos lo requieran.

Aprender es más que nunca un asunto no circunscrito únicamente a unos espacios concretos (las instituciones educativas, las aulas), ni a unos tiempos (los de escolaridad, la educación formal), ni a unos ámbitos de conocimientos determinados (conocimientos declarativos, abstractos o factuales), ni solo a unas habilidades (las cognitivas), ni, por supuesto, a unos currícula o a unos programas formativos normalizados y estandarizados. A medida que el contenido académico sea más abierto y de libre acceso, los estudiantes demandarán a sus instituciones más apoyo en su aprendizaje en lugar de más contenidos (Tony Bates, 2017). Demandarán más apoyo para conseguir ser mejores a la hora de saber cuándo, cómo y qué hacer cuando no sepan qué hacer” (Guy Claxton, 2001). El reto está servido.

Fermín R. F. cc by-nc-sa https://flic.kr/p/d4fUAC

Fermín R. F. cc by-nc-sa https://flic.kr/p/d4fUAC

Referencias bibliográficas:

  • Guy Claxton (1990). Teaching to learn. A direction for education. Cassell.
  • Guy Claxton (2001). Aprender. El reto del aprendizaje continuo. Paidós Ibérica
  • Guy Claxton (2005). Aprender a aprender: objetivo clave en el curriculum del siglo XXI. Cuadernos de Información y Comunicación 10. Pp. 259-265.
  • Guy Claxton (2007). Expanding Young People’s Capacity to Learn. British Journal of Educational Studies. Vol. 55. nº2 June 2007. pp.115-134
  • Guy Claxton (2012). Turning thinking on its head: How bodies make up their minds. Thinking Skills and Creativity 7. 78-84
  • Juan Ignacio Pozo (2016). Aprender en tiempos revueltos. La nueva ciencia del aprendizaje. Madrid. Alianza Editorial
  • María R. Reyes et al. (2010) “Classroom emotional climate, student engagement and academic achievement”, en Journal of Educational Psychology, vol. 104, núm. 3, 2012, pp. 700-712.
  • Miguel Ángel Santos Guerra. Una Pretensión Problemática: Educar para los valores y preparar para la vida
  • Ministry of Education. Singapore. Nurturing Students. Flexibility and Diversity https://www.moe.gov.sg/education/education-system/nurturing-students
  • Philippe Perrenoud (2012). Cuando la escuela pretende preparar para la vida. ¿Desarrollar competencias o enseñar saberes? Barcelona. Graó.
  • Seymour Papert (1998). Child Power: Keys to the New Learning of the Digital Century. Disponible en http://www.papert.org/articles/Childpower.html
  • A.W. Tony Bates (2017). La enseñanza en la era digital. Disponible en https://www.tonybates.ca/2017/02/04/a-spanish-version-of-teaching-in-a-digital-age-is-now-available/
Anuncios

4 pensamientos en “Enseñar menos, aprender más

  1. Pingback: Educación - pionazul | Pearltrees

  2. Muy completo post a la par que interesante. Nos invita a necesarias reflexiones que nos lleven a realidades aún más necesarias y positivas para tod@s. Con tu permiso Carlos lo reblogueo y difundo por varias sitios, por favor!

  3. Pingback: Reblogueo entrada de Carlos Magro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s