Educación/Tecnología

La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo

La frase que da título a este post se le atribuye al informático estadounidense Alan Kay. En 1972, Kay, por aquel entonces un investigador del Xerox PARC (Palo Alto Research Center), publicó un manifiesto titulado: A Personal Computer for Children of All Ages, en el que describía con gran detalle un dispositivo para “usar en cualquier momento y cualquier lugar”, del tamaño de un cuaderno, con un peso algo menor de 2 kg, conectado a una red y un precio que no debía superar los 500 dólares. Era lo que Kay denominó entonces el Dynabook. Su idea, como reza el título del texto, era crear un ordenador personal para niños (no existían aún los ordenadores personales). Un objeto móvil, con pantalla plana recargable, con un teclado y un lápiz para dibujar, vinculado a una red inalámbrica y que debía tener un precio razonable.

Y el objetivo que estaba detrás: “cambiar la forma de educar. Ir más allá de la educación tradicional basada en la transmisión de datos y hechos para animar a los niños a observar el comportamiento del mundo real por ellos mismos. Hacer que profesores y padres vieran en éstos a seres que piensan y toman decisiones y no meros recipientes de información“.

Dynabook. Alan Kay. 1972

Dynabook. Alan Kay. 1972

Kay era y es un convencido de que el aprendizaje se puede mejorar sensiblemente mediante la tecnología. Dicho esto, en ese mismo artículo, el mismo Kay afirmaba que la tecnología no es el único elemento determinante para esta mejora y que los ordenadores no son en sí mismos una tecnología “mejor” que la del libro. La gran ventaja que él vislumbraba (conviene insistir que cuando escribe esto no existían los ordenadores personales y que por tanto no se habían nunca probado) era su capacidad de promover un aprendizaje activo frente a metodologías más tradicionales y pasivas. Detrás de su Dynabook encontramos la convicción de que el aprendizaje debe ser activo. De que aprendemos haciendo y no reproduciendo el conocimiento de otros. De que los niños deben ser protagonistas de su propio aprendizaje. El atributo principal de este ordenador personal, para Kay, era la posibilidad que nos daba de “volcar” nuestros pensamientos. La posibilidad de crear, construir y programar. Lo que lo hacía realmente atractivo era el hecho de poder convertirnos al mismo tiempo en consumidores y productores. El Dynabook no era solo una nueva y poderosa pieza de hardware, ni un sofisticado y novedoso software, sino que representaba la posibilidad de una nueva alfabetización, la posibilidad de una nueva forma de enseñar y de aprender. ¿Les suena?

El trabajo de Alan Kay está influenciado, entre otros, por el del psicólogo Jean Piaget, una de las figuras clave del constructivismo, por Jerome Bruner, “padre” del aprendizaje por descubrimiento (Discovery Learning) o por su colega en Xerox Seymour Papert, a quien se le atribuye la teoría del construccionismo. Todos ellos, a su vez, están muy influenciados por el pedagogo norteamericano John Dewey (1859-1952). Y todos ellos comparten con este último la idea de que la mejor manera de aprender es haciendo. El problema de la educación y de la escuela no es que sea aburrida. La solución no pasa tanto por divertir o por motivar como por acercarse a las verdaderas motivaciones y aspiraciones de los alumnos. Es importante, insistía Dewey a principios del siglo XX, seguir unas mismas pautas de conducta y de aprendizaje dentro y fuera de la escuela. No puede haber una separación radical entre lo que sucede en la escuela y en el aula y lo que pasa en casa y en la calle. “¿Aprender?, se preguntaba Dewey, sí, respondía, “pero antes que todo vivir. Aprender a través y en relación con la vida”. Para Dewey la educación tradicional se caracterizaba por la “pasividad de actitudes, la masificación mecánica de los niños, la uniformidad en el programa escolar y en el método”. Pasividad, despersonalización, estandarización que buscaba romper Kay con sus Dynabook. ¿Les suena?

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Kay siempre ha señalado la importancia y la influencia que en el diseño del Dynabook tuvo su colega Seymour Papert. En 1980, apenas 10 años después de que Kay (d)escribiera su idea de ordenador personal, Papert escribió un importante libro titulado El desafío de las mentes (Mindstorm. Children, Computers and Powerful ideas) en el que apostaba, al igual que Kay, por los ordenadores como poderosos instrumentos del cambio metodológico en la educación.

En su siguiente libro, La máquina de los niños (1993), un Papert mucho menos optimista que el de los años 80 se preguntaba ¿por qué, en un período durante el cual hemos vivido la revolución de muchas áreas de nuestra actividad, no hemos presenciado un cambio comparable en la manera en que ayudamos a nuestros niños a aprender? y hacía un alegato en defensa de los videojuegos como la nueva y prometedora tecnología de transformación educativa.

Tres años después, en 1996, Papert relataba en una entrevista su visión sobre la historia de la implantación de los ordenadores personales en la escuela: “en los 80 mucha gente se unió al hecho comprando computadoras. El fenómeno más importante en esa época era el poder de la escuela para asimilar cualquier cosa nueva que apareciera. La escuela es como un organismo viviente. Un cuerpo extraño se acerca -la computadora- y el sistema inmunológico y mecanismo de defensa del organismo se ocupa de él. Así vimos el cambio en los 80. Antes de esta asimilación las computadoras se usaban en forma estimulante. Se hallaban en manos de maestros visionarios quienes usaban las computadoras porque no estaban satisfechos con la forma en que las escuelas hacían las cosas. Pero al final de los 80, las computadoras estaban en manos de la burocracia escolar y de las escuelas como instituciones. Todavía existían maestros visionarios, pero estaban siendo neutralizados. Previamente los maestros estaban usando unas pocas computadoras en las clases para alejarse de la separación por materias y de la interrupción diaria. Cuando la administración toma el control, crea una sala especial, y pone las computadoras en esa sala con un horario con el profesor de informática. En vez de convertirse en algo que socavara estas formas anticuadas de las escuelas, las computadoras fueron asimiladas. Es inherente a las escuelas, no porque los maestros sean malos o porque las escuelas sean malas, sino a todo organismo que ha alcanzado un equilibrio que éste tiende a mantener. Así las escuelas tornaron lo que pudo haber sido un instrumento revolucionario en uno conservador. La escuela no desea cambiar radicalmente. El poder de las computadoras no implica mejorar la escuela sino cambiarla por un tipo de estructura diferente.” (negritas mías).

Aula de ordenadores. Mediados de los 80s

Aula de ordenadores. Mediados de los 80s

En ese mismo año (1996) Papert publicó un nuevo libro titulado esta vez La familia conectada en el que exploraba la brecha generacional entre padres e hijos y donde volvía a mostrarse más optimista respecto a la incorporación y uso de los ordenadores en las escuelas. “Estamos viendo un movimiento hacia escuelas más progresivas y alternativas. Vimos muchas de estas en los años sesenta y fracasaron por que no existía la infraestructura tecnológica para sustentarlas”. El ordenador personal en las casas representa, decía, “una oportunidad para crear nuevas formas de una cultura del aprendizaje y permite que los padres participen en el cambio educativo”. El libro era una invitación a los padres para pensar en el aprendizaje, en la cultura del aprendizaje y en cómo se podría cambiar. Y alertaba a los padres a no aceptar sin cuestionar los dictámenes de la industria del software educacional o podríamos añadir ahora de las empresas de tecnología educativa.

Lo que la historia de Alan Kay y Seymour Papert nos muestra es que desarrollar nuevas tecnologías “es fácil” pero cambiar los comportamientos humanos, cambiar las instituciones, desafiar la tradición y el poder se revelan como proyectos de enorme dificultad. También son un ejemplo del futuro de la tecnología que nunca llegó a ser. De que la historia de la tecnología en los últimos 40 años podría haber sido diferente y que las tecnologías que hoy damos por sentadas y que no nos cuestionamos (todo el desarrollo por ejemplo de los ordenadores personales) podrían ser totalmente distintas.

Hoy vivimos un momento de gran desarrollo tecnológico (tanto que esta frase suena ya a obviedad). Mucho de lo soñado entonces es ahora realidad. Vivimos de nuevo un momento favorable al cambio educativo. Son muchas las voces que cuestionan el actual sistema y que demandan un modelo mucho más integrador y conectado. Y aunque como acabamos de ver el debate sobre la necesidad de reforma de la educación se remonta a hace más de un siglo (Dewey o Giner de los Ríos en el caso hispano) y a pesar de que el papel de la tecnología como palanca en esa transformación ha sido algo recurrente al menos también en los últimos 40 años, parece que las circunstancias y la convergencia de estos dos impulsos (sociopedagógico y tecnológico) nos hacen pensar que nos encontramos en un buen momento(desarrollo de la pedagogía y de las teorías del aprendizaje, un poderoso desarrollo tecnológico, una alta demanda social y un nivel que ya ha superado en países como el nuestro cuestiones básicas como la universalización y la accesibilidad) para que se produzca la necesaria transformación .

SLOW Chadburns Ships Engine Order Telegraph Great Lakes Naval Museum

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Tras los fracasos de los últimos 30 años, parece que por fin tenemos claro que esta transformación no pasa por tecnificar la escuela sino por escolarizar las tecnologías. Que se trata de una transformación que pasa por modelar las tecnologías con nuestras pedagogías pero también por aceptar que éstas, nuestras pedagogías, se deben modelar con las tecnologías. Son muchos los expertos que insisten en la idea de que para provocar este cambio la tecnología no es la palanca buena sino que debe ser la buena pedagogía la que lo motive (Michael Fullan) y son muchos los ejemplos recientes de fracaso de introducir la tecnología en el sistema sin pararse antes a definir la estrategia, los por qués y los para qués (ver sobre este tema la retirada del programa 1:1 en las escuelas de Los Ángeles).

Incorporar la tecnología en la educación no es introducir dispositivos en el aula. Es algo más que “enchufar” alumnos a nuevos dispositivos. Más que introducir las TIC en el aula de lo que se trata es de expandir el aula a través de las TIC. De ver las tecnologías sobre todo como un proceso de cambio cultural, desde luego no como un tema de dispositivos. Lo relevante no es qué dispositivo introducimos en el aula (Radio, TV educativa, PCs, CDs, ordenador personal, pizarra digital, tablet), sino cómo transformamos la educación para hacerla más relevante y adecuada a nuestro entorno actual y probablemente futuro. Lo relevante es cómo abrir el aula a través de las TIC. Incorporar las tecnología en la educación nos conduce a una educación expandida y a las aulas abierta. Nos remite directamente a algo mucho más cercano a los procesos informales de aprendizaje y también a un aprendizaje más experiencial y cercano a nuestra manera actual de vivir, de relacionarnos y de trabajar. Un aprendizaje conectado, descentralizado, distribuido, de muchos y entre pares. Una transformación que debe ser liderada y protagonizada por todos.

Crayons. Rafael J M souza

Crayons. Rafael J M souza

El próximo día 11 de septiembre participo en la presentación del estudio Los padres ante la tecnología en los colegios, realizado por Samsung España junto con la consultora Ipsos sobre la percepción de los padres ante la incorporación y el uso de la tecnología en las escuelas y más concretamente sobre los dispositivos móviles tipo tablet. El acto tendrá lugar a las 11:00 de la mañana en el Ateneo de Madrid y estaré acompañado de Joaquín Rodríguez, María Rodríguez Moneo, Emilio Díaz y Constantino Mediavilla. La mesa redonda se podrá seguir con el hashtag #mochiladigital.

Los resultados se harán públicos tras la presentación pero adelanto aquí alguna de las principales conclusiones. El que me parece más relevante, también el que más nos debería dar que pensar, es que según los datos del estudio, el acercamiento hacia la tecnología de los padres es en general positivo y su incorporación en el aula y en los procesos de aprendizaje y el conocimiento de la tecnología es visto no solo como algo deseable sino incluso como uno de los tres aspectos principales de la educación actual. Además, el estudio revela un alto grado de acuerdo al identificar los distintos beneficios de la tecnologías en la educación, destacando, entre los padres entrevistados, los que hacen referencia a mejorar la preparación de los estudiantes ante la realidad en la que vivimos, frente, y esto es algo que me sorprende en cierta manera, a aquellos que conllevan la colaboración, bien entre alumnos, bien entre el colegio y casa (personalmente diría que son los principales “beneficios” de la incorporación de estas tecnologías en la educación, pero sobre esto supongo que discutiremos en la mesa redonda).

El estudio explora también la percepción de los padres ante el concepto de mochila digital (sustitución de la mochila y los libros por un ordenador o una tableta con contenidos digitales). El resultado más relevante en este aspecto es que el 89% de los padres opinan que este cambio contribuirá a mejorar el aprendizaje aunque no queda claro en el estudio qué se entiende o en qué consistirá esa mejora del aprendizaje.

Más de cuarenta años después de que Alan Kay diseñara su ordenador personal como un dispositivo portátil, móvil, del tamaño de un cuaderno y con conectividad (es decir, diseñara una tablet en toda regla) hoy, disponible ya la tecnología soñada por Kay, tenemos la oportunidad de cumplir el sueño Dewey, Kay y Papert de transformar la educación. 20 años después de que Seymour Papert expresara su decepción ante el primer intento de implantación de los ordenadores en las escuelas, tenemos la oportunidad de hacer las cosas de otra manera y aspirar a un cambio verdaderamente relevante y transformador que conduzca a un estilo(s) de aprendizaje más activo y autónomo.

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El cambio, lo sabemos de sobra, no podrá venir solo de la mano de los tecnólogos, ni de los pedagogos. No es tampoco una cuestión solo de las administraciones públicas, ni de los equipos directivos de los centros, ni de las empresas tecnológicas. Ni siquiera lo es solo de los profesores. Es un tema de todos. Y en ese todos desempeñan un papel protagonistas como no podía ser de otra manera las familias y los alumnos.

En esta línea, el estudio de Samsung atiende y recoge la opinión de una parte de estos implicados. Sería interesante completar la visión de las familias con las de los centros educativos, las profesores y los alumnos.

En todo caso, lo que la historia del Dynabook y de Seymour Papert nos enseña, repetimos, lo que hemos aprendido en los últimos 30 años en relación con las tecnologías y la educación es que, en última instancia, depende de nosotros el que seamos capaces de utilizar las tecnologías para transformar la educación. Dependerá de nosotros que hagamos el viaje que nos permita transitar desde las pedagogías de la instrucción mediada por la tecnología a las pedagogías de la inspiración a través de la tecnología.

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