Educación/Innovación

Moocs: desilusión u oportunidad

Siempre que uno escribe corre el riesgo de no volver a hacerlo jamás”. Tremenda frase que Vila-Matas atribuye al escritor francés Edmond Jabès y que, sin embargo, parece quedar extrañamente anulada y resulta del todo inexacta cuando el asunto son los MOOCs. En los últimos dos años he escrito varios textos sobre MOOCs (aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) con la firme convicción de que era el último y que no tenía mucho más que decir y, sin embargo, una y otra vez he vuelto a hacerlo.

One Way To Nowhere. Howard Ignatius. CC 2.0 by-nc-sa

One Way To Nowhere. Howard Ignatius. CC 2.0 by-nc-sa

Esta sensación de que hablar de MOOCs un tema agotado es algo compartido por muchos y desde hace tiempo. Sin ir más lejos, mi amigo Fernando Trujillo escribía hace algo más de un año un estupendo artículo titulado Moocificar la enseñanza o expandir los Moocs, en donde afirmaba, antes de empezar, que sobre Moocs ya estaba todo dicho, para después escribirse todo un artículo que les recomiendo que lean porque resulta que sí quedaba algo por decir.

A finales de 2013, los MOOCs se encontraban probablemente en sus momentos más bajos. Habían seguido casi al pie de la letra el conocido ciclo de Gartner para las innovaciones disruptivas. Con una fase inicial discreta entre 2008 y 2011, que dio paso a una rápida e intensa fase de inflación con altísimas expectativas entre 2012 y 2013. Y una posterior e igualmente acentuada cuesta deflacionaria, impulsada por numerosas críticas y fracasos, y caracterizada por la desilusión y el abandono del interés por muchos actores.

Captura de pantalla 2014-12-04 12.06.31

En 2014 podríamos decir que los MOOCs han entrado en una segunda fase de crecimiento, esta vez suave, con actores más especializados, con una mejor idea de las posibilidades reales de los MOOCs y con iniciativas mucho más acordes con las realidades de cada contexto educativo. Una fase que debería permitir entrar a los MOOCs en la llamada meseta de productividad.

Más allá del momento concreto, en los últimos años, nos hemos sentido abrumados por la retórica del cambio inexorable y la transformación irreversible. Hemos sido amenazados con revoluciones, avalanchas y tsunamis. Y hemos asistido como invitados a un intenso debate que vaticinaba la desaparición inminente del modelo tradicional de educación superior. Sin embargo, ha sucedido bien poco de todo esto. Ni transformación, ni avalancha, ni desaparición. Ni innovación, ni cambio.

Mientras tanto, hemos desafiado el augurio de Edmond Jabes y hemos seguido hablando de MOOCs, escribiendo sobre MOOCs, siguiendo MOOCs como alumnos y en muchos casos diseñando y produciendo MOOCs.

one hundred and fifty eight. harold.lloyd. CC 2.0 by-nc-sa

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Y aunque es verdad que el volumen de artículos e informes sobre los MOOCs ha disminuido sensiblemente en este 2014 no lo ha hecho el volumen de búsquedas en Google de la palabra MOOC que no ha parado de crecer desde el año 2011. Es decir, de una manera u otra el interés sigue ahí.

Tres años después de su intempestiva irrupción disponemos de abundantes artículos de investigación, columnas de opinión, estudios comparados, informes de resultados, ejemplos de diseño, manuales de implementación, antologías de casos aplicados a contextos muy diversos, datos y estadísticas como para que cualquiera interesado pueda hacerse un excelente mapa de situación y una hoja de ruta para diseñarlos y ejecutarlos. Lo cual no quiere decir que sea algo fácil ni esté exento de dificultades.

De entre todos estos informes destacaría por su alcance el realizado por Scopeo en Julio 2013 Mooc: Estado de la situación actual, posibilidades, retos y futuro y el realizado por Fiona Hollands y Devayani Tirthali de la Universidad de Columbia, Moocs: Expectations and reality (mayo 2014) en el que hacen un exhaustivo análisis de las motivaciones y objetivos que se encuentran detrás de la puesta en marcha de un MOOC y ofrecen una serie de consejos concretos para gestores de instituciones académicas, profesores, investigadores, políticos e inversores.

Por su parte, en un recentísimo informe (Disruptor, Distracter, or What? ), Andrew P Kelly afirmaba que “la moda y el discurso casi mesiánico generado en estos años entorno a los MOOCs les había dotado de una retórica cuyo poder e influencia iba más allá de su impacto real en la enseñanza y en el aprendizaje.”

Parece que la categoría se ha hecho tan grande que ha perdido su especificidad y que su valor ya no está tanto en su capacidad para describir algo concreto con unos atributos específicos como en el efecto placebo que su mera mención provoca.

Vitor Antunes. CC 2.0 by-nc-sa

Vitor Antunes. CC 2.0 by-nc-sa

 

Es tan polisémico el concepto que en realidad podemos decir que los MOOCs no existen como tales, que no hay nada que podamos definir como el MOOC paradigmático o al contrario que casi todo podría ser denominado MOOC como ha sugerido Joseph Ugoretz: “hemos llegado a un momento en el que casi cualquier tipo de formación online es llamada MOOC, aunque solo sea para no pasar desapercibidos.

Su poder transformador no estaría tanto en lo que realmente son como en lo que podrían ser. Valen más como expectativa que como realidad. Nos interesan no tanto por las respuestas que nos dan como por las preguntas que nos hacen plantearnos.

Un breve repaso a las numerosas tipologías que intentan dar cuenta de la variedad de MOOCs y a los objetivos que enarbolan las instituciones para ponerlos en marcha nos basta para convencernos de esta paradoja. No existen y, sin embargo, están por todos lados. Hay tantos MOOCs como organizaciones impulsándolos. Tantos como profesores dispuestos a hacerlos. Tantos como alumnos. Puede que los objetivos de un grupo de profesores que se unen para poner en marcha un MOOC difieran entre sí, que para unos sea la búsqueda del bien común y para otros un tema de desarrollo profesional, de investigación, de pura vocación o de lucha por las desigualdades. Es más que probable que los objetivos de una institución pública sean muy distintos a los de una privada y los de ambas diferentes a los de una startup educativa. Que las motivaciones de un profesor, de un rector, de una autoridad educativa o de un inversor sean muy diferentes sino opuestas. Y desde luego, sabemos que son múltiples las motivaciones entre quienes deciden cursarlos.

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¿Dónde radica entonces la magia de los MOOCs?, ¿dónde está su interés?. ¿Por qué es tan difícil dejar de hablar de ellos?

Creo que la respuesta está precisamente en esta falta de unicidad que hemos señalado. Creo que su verdadero valor se encuentra en su capacidad de funcionar como un laboratorio para hacernos preguntas. Un laboratorio no entendido como algo cerrado, estanco, universal y desprovisto de valores sino como algo abierto, local, fuertemente influido por su contexto y absolutamente cargado de valores.

La gran oportunidad para las instituciones de enseñanza superior es tomar los conceptos desarrollados o las preguntas surgidas alrededor del debate de los MOOCs para usarlos en la mejora de la calidad de su oferta de formación tanto presencial como online. Ver los MOOCs como una manera de investigar

Lo más relevante sería aprovechar el aprendizaje surgido de los MOOCs para poner en marcha estrategias de diversificación que incluyan tanto nuevos modelos de negocio como nuevas aproximaciones pedagógicas y metodológicas que aprovechen al máximo las oportunidades de las tecnologías digitales.

Ver los MOOCs como laboratorios, como un lugar desde donde hacernos preguntas, puede terminar en un escenario donde tengamos más preguntas que respuestas. Bienvenido sea.

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Los MOOCs son un poderoso artefacto híbrido. Están cargados de tecnología y pedagogía. Están llenos de política, de organización y de gestión del cambio. Representan un excelente campo de juego para acercarnos a la transformación educativa desde la dimensión organizacional, la pedagógica y la tecnológica, como lleva años insistiendo Michael Fullan (Alive in the Swamp).

Diseñar un MOOC supone poner a trabajar juntos a gestores, profesores y tecnólogos. Supone alinear hacia unos mismos objetivos el modelo de organización, el proyecto pedagógico y proyecto tecnológico.

Pueden ser, como dice Trujillo, “la semilla para el necesario y esperado cambio educativo. Un cambio que surgirá cuando pongamos las tecnologías al servicio de nuevas formas de aprendizaje abierto y colaborativo en lugar de poner el aprendizaje al servicio de las tecnologías. Cuando utilicemos la tecnología para construir entornos abiertos, creativos e innovadores de aprendizaje. Y cuando diseños nuestras organizaciones para el aprendizaje. En una institución que favorezca el aprendizaje conectado, abierto, compartido, global, situado, relevante y competente. Basado en contenidos abiertos y respetuoso con los datos de los alumnos.

Un aprendizaje cuidadoso con los procesos, atento a la innovación y que aprovecha y pone en valor los momentos presenciales. Con los profesores como tutores y los alumnos como propietarios y principales responsables de su aprendizaje y su desarrollo profesional. Una institución donde las aulas sean espacios abiertos, físicos y digitales, de aprendizaje colaborativo.

Y si Fernando Trujillo me permite usar su excepcional título diría al final que de lo que se trata no es tanto de Moocificar la enseñanza o expandir los Moocs sino de educar los MOOCs y expandir la educación.

Dejo aquí la presentación en el III Congreso de Pedagogía y TIC organizado por el Centro de innovación educativa Ávaco de la Universidad de Ibagué. Colombia

2 pensamientos en “Moocs: desilusión u oportunidad

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